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LAS CIUDADES GEMELAS

¿Qué les parece una pausa? No es una de esas cosas que se aprenden o se enseñan en ningún lado, simplemente se sienten. El escrito de hoy sale también de los Anales del Archivo Nacional. No trae autor ni fecha, pero dice maravillas y fue tomado de la Revista Cultural Síntesis. Espero que lo disfruten tanto como yo:
Las dos ciudades gemelas, coquetas flores nacidas del tallo del río. Tegucigalpa bajando del cerro, Comayagüela en el llano y cerros en todoslos contornos. Pichones de volcán, lomas nenas, esmeraldas redondas para los anillos de Saturno. En cada cerro moran hadas, genios y duendes, cuya labor es velar por la belleza del Distrito Central. Ellos afinan la garganta resinosa de los pinos, marcan el compás a la música bisbiseante de los ríos, peinan el follaje de los guanacastes, decoran de rojo, amarillo, morado y lila las corolas de las pascuas, sanandreses y campánulas, toman la lección de flautín a los pájaros y cuidan que el polvo al levantarse adopte correctas formas de fantasmas en los caminos. Ellos son los que pintan la piedra de las canteras y cuelan el frío que baja de la montaña.
Sorprende la prisa con que el sol asoma todas las mañanas para contemplar el paisaje del Distrito Central. Lento, tibio y amarillo, engulle el “marshmallow” de niebla que envuelve a El Picacho, cuya cumbre queda limpia, verde, silenciosa y recortada como un altar. Ahí están los santos pinos, nuestra Señora de la Altura, la Virgen Belleza. La luz oficia su misa dorada, cada mata es un monaguillo, se oye el latín del viento y las flores balancean sus incensarios de pétalos. Gorjean las aves y se inaugura el bingo de aromas, resinas y pólenes.
Y de los ríos ¿qué decir? Serpientes peregrinas que vienen de tan lejos y van con lentitud de cristal hacia más allá. Son tan sabios los ríos, oyen tantas cosas de las ramas. Borrachos de cielo, besados de los bueyes, confidentes de paredones y quebradas…son la patria de la Siguanaba y del Cipitío, rebelde espejo de las nubes.
Todo el Distrito Central es espectacular…casas, árboles y flores crecen entre cerros. Ondea la tierra como el mar y la gente vive en un oleaje moldeado en piedra multicolor y terrones bermejos como sangre de naranjas maduras y pitahayas adultas. Los caminos salen hacia los cuatro puntos cardinales, cual brazos de harina viril, grises, blancos. Son la pista del progreso, del pan y las flores, de burritos y automóviles.
Comayagüela, la ciudad de la postal navideña, goza su feria; vive diciembre mariano, jubiloso y pleno de aventuras. Hace frío y a ratos cae lluvia menuda.
¡Nadie abre un paraguas para que no se mojen los villancicos!
Y ahora, usted también lo sabe.

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