EL TORO CAGUA

Este día les traigo un escrito inusual, raro. En el relato se habla del origen del nombre de una de las colonias o barrios más antiguos de Tegucigalpa: la Colonia Torocagua. Como siempre me había llamado la atención el nombre, hallarlo mencionado en el libro “Tradiciones Tegucigalpenses”, de don Gonzalo Guardiola, fue una sorpresa. Por supuesto, el lenguaje en que está escrito es el original, lo mismo que las referencias que se hacen, y debe ser tomado como leyenda…


-Era yo muy niño, cuando le oí contar a mi abuela, que una noche de San Juan, había venido con otros, y al propio primer gallo, él y sus compañeros sintieron que se estremecía la tierra; oyendo al mesmo punto el bramido de un toro que venía aproximándose, mugía y mugía el dicho animal hasta que lo vieron llegar a junto ellos, como es decir, aquí ande estamos y al luego se acercó y ese negro, manudo, del cacho volteado, echando fuego colorado por los ojos, y llamas cuasi blancas por boca y narices; el dicho toro era el Toro Cagua y Ave…iba a decir el historiador cuando Pedro de la Trinidad dijo:
-Siga el cuento, tío Juan, más no pronuncie cosas divinas, que ansí no vendrá.
Pues bien, continuó el tío Juan, apenado, que ya llegó el dicho animal y dentro adentro de la dicha cueva y se fueron tós detrás, que allí muy dentro se incontraron con unos duendes, que los rodearon y les dijeron que debían de renegar de Dios, de la Virgen, del señor San José, que el señor melí…y el mismo Ñor Pedro ya impaciente, volvió a amonestarlo.
Tío Juan, si ha de seguir con sus cosas, mejor cállese, porque ya le ei dicho que ansí no viene el toro.
No hombre, el que precisamente…sí, tío Juan, le dijo el Bachiller, ya le entendemos; es que aquí debemos olvidar todo aquello que nos haga sospechosos de ser buenos cristianos, siga el cuento.
Después siguieron detrás del Toro Cagua, que iba mugiendo y alumbrando con el fuego de sus ojos el camino. Al mucho andar se hallaron a las orillas de un gran río que va a desaguar a la laguna de Managua, en la provincia; allí les salió al tope una vieja bruja montada en una gran sierpe; la endevidua se apeó y comenzó a besadlos a toos y a abrazaldos e después los montó en las ancas de la culebra y se botó al río, inmediatamente salieron del agua toa clase de víboras queriéndolos picar y la bruja dijo: Digan sus mercedes: aquí los diablos y los demonios con nosotros. E lo dijeron, e como encantamiento, ya no se golvieron a ver las víboras e pasaron, caminando siempre detrás del toro montao.
Y ahora, usted también lo sabe.

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