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LA HUELLA DE LOS MAESTROS

Creo haber sido una de esas personas a quienes el destino le tenía -y tiene- encargados a buenos maestros. Los he tenido de toda índole, aunque más de alguno no merece siquiera el recuerdo agradecido de su nombre. Pero no es de mí que quiero hablar, ya que estos pensamientos me los trajo la pluma de don Luis Andrés Zúñiga, que hallé en el libro de don Raúl Gilberto Tróchez, “Imágenes”:
Sabemos de sus primeras letras, porque él mismo cuenta que las aprendió en la escuela del norteamericano Mr. White. El poeta recuerda con claridad aquellos días de escolar en una simpática crónica que publica en su libro, “El banquete”, con el título de “La Escuela Anárquica”, y dice:
“Cuando veo esos espectáculos de la Escuela Moderna, siento una viva pesadumbre por haber tenido que aprender mis primeras letras a la sombra de una palmeta, empuñada como un cetro, por la mano nerviosa y sombría de Mr. White”.
“Todavía siento cierto entumecimiento al recordar la alta, negra y flaca figura de aquel maestro inexorable. Era el prototipo del maestro antiguo, con sus contratiempos económicos, su mal humor, sus pantalones remendados, sus camisas mal aplanchadas, sus costumbres rígidas y su serenidad doctoral y majestuosa, digna de un astrólogo judiciario”.
“No recuerdo que nos haya enseñado gran cosa, a no ser la lectura del tercer libro de la serie antipedagógica de Mantilla, que contiene prosas demasiado literarias y selectas. Recuerdo que esas lecturas se hacían de rodillas, al lado del maestro, lloviendo sobre nosotros los más negros castigos, especialmente los que eran de la predilección del maestro, como el clásico coscorrón y el duro tirón de orejas”.
En su libro de fábulas, también señala el poeta la situación de aquella escuela, y la llama “La Escuela Antigua”. Habla de Mr. White, esta vez con el nombre “El Maestro Carnero”, y dice: “Cuando recuerdo que yo tuve en mi niñez uno muy semejante a ese “Maestro Carnero”, siento impulsos de llorar. Es desde entonces que mi alma se hizo triste, muy triste…”
Y ahora, Usted también lo sabe.

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