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MI ABUELO NO CONOCIÓ LA HABANA

Vuelve a acompañarnos don Rafael Heliodoro Valle, para alegrarnos las horas con sus siempre entretenidos escritos:
Mi abuelo no conoció La Habana, pero en ella se surtía de vinos y tabacos. Tenía miedo horrendo al mar. “En el mar se van a pique muchos barcos”, dijo una vez. Se refería al Mar Caribe, sobre todo, el mar que puso en el alma de Colón, en su cuarto viaje, más pánico que el que tuvo por primera vez, cuando se metió en tres carabelas hacia lo desconocido.

El Caribe que el Almirante repasó tantas veces, una de ellas cuando se detuvo en la Isla de Pinos para bogar hacia el sur, en donde se halló una costa dorada de sol y suave de brisa. No creo provocar una tempestad si afirmo que los primeros pavos que comieron los cubanos precolombinos o los contemporáneos de Diego Velásquez, fueron llevados de la Guanaja y a buen seguro que por eso al pavo le llaman guanajo en Cuba, que hay mucha sangre hondureña en la de los cubanos, ni duda cabe, si se recuerda que los primeros piratas del Caribe, españoles por cierto, salían con frecuencia en el siglo XV, muchos años antes del descubrimiento de México, hacia las islas y las costas de Honduras en busca de indios que se dejaran capturar con engaños, para llevárselos a trabajar en las plantaciones cubanas, en donde ya escaseaba la mano de obra indígena.
No se trata, pues, de reclamar la devolución de aquellos indios, sino de anudar vínculos.
Más tarde, asomado en un horizonte más amplio, el de las letras hispanoamericanas, en nuestra aula y a través de las lecciones de Retórica y Poética de Francisco Castañeda, se me aparecieron fragmentariamente algunos poetas y prosistas cubanos. Y luego me embriagué con los poemas de Julián del Casal y las prosas de Manuel de la Cruz. Hojeé con encanto y amor las páginas de “El Correo de Ultramar”, en donde conocí grabados sobre hazañas de la guerra insular y no sé en qué libro las estampas que reproduce el Teatro Tacón, en sus días estentóreos, los ingenios y, naturalmente, el morro de La Habana que es, con la Estatua de la Libertad de Nueva York, una de nuestras imágenes familiares.
Al estudiar historia de Centroamérica aparecieron ante mi emoción Cristóbal de Olid, el conquistador de Honduras, que en su viaje desde Veracruz estuvo en La Habana, confabulándose con Diego Velásquez en contra de Hernán Cortés,; Alejandro Ramírez, uno de los gobernantes ejemplares que tuvo España en América, y que en Honduras dejó huellas de civilizador en las primeras décadas del siglo XIX.; el Arzobispo de Guatemala, señor Casaus y Torres, a quien expulsó Morazán apenas entró triunfalmente en Guatemala, obligándole a residir en la capital habanera por muchos años.
Y ahora, Usted también lo sabe.

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