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MARCO AURELIO SOTO, EL COLECCIONISTA

Entre las muchas cosas que he dicho de nuestro expresidente don Marco Aurelio Soto, algunas mejores que otras, es que fue su gobierno el que modificó con leyes muchas de nuestras instituciones, inclinándonos así en la senda de un mejor país. Lástima que no nos dejara recursos para seguir sus ideas.

Fue, sin embargo, en su gobierno que se crearon el Archivo y la Biblioteca Nacionales, en donde debería estar el libro del que les hablaré a continuación y del que me informé en los Anales del propio Archivo Nacional:
El doctor Marco Aurelio Soto tiene particular predilección por los libros viejos. Siempre anda a la caza de pergaminos amarillentos y apolillados. Un ejemplar de una edición antigua tiene para él un valor ilimitado. Sus amigos saben esto y a menudo le obsequian obras raras que él recibe con verdadero interés.
Hace pocos días que un caballero de Danlí le remitió un libro que tiene en sus páginas el polvo de 310 años. Fue impreso en México en 1571, es decir, en esa época oscura y turbulenta de nuestra historia cuando humeaban todavía con resplandor siniestro los escombros de los vastos y florecientes imperios de los Incas y los Aztecas. Su mérito es relevante, está perfectamente conservado y lleva por nombre el siguiente: “Vocabulario en lengua castellana y mexicana, compuesto por el muy reverendo padre fray Alonso de Molina, de la orden del bienaventurado nuestro padre San Francisco”, dirigido al muy excelente señor don Martín Enríquez, virrey de la Nueva España. En la primera hoja de este libro y entre dos cruces pueden leerse estas líneas sombrías, trazadas seguramente por el dueño primitivo de la obra y las cuales llevan el sello de la época en que fueron escritas, “Hago votos de ser esclavo de la Virgen Santísima y de las benditas ánimas del Purgatorio y renuncio en ellas, no solo la satisfacción de las buenas obras, sino cuantas misas y sufragios me dijeren después de muerto. Deo Gratias. Pedro de las Animas”.
Este “amor” de nuestro compatriota por las cosas antiguas por desgracia no se quedó allí. A pesar de lo que digan muchos, también le gustaba la antiquísima plata de nuestras montañas y terminó llevándosela con él.
Pero lo importante de todo es que ahora, Usted también lo sabe.

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