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LOS PRIMEROS COMERCIANTES

Don Ernesto Alvarado García también dejó su huella en los “Documentos para la historia de Honduras”. El extracto que hoy les traigo formó parte de una charla que dio en el Paraninfo de la Universidad Central, allá por 1938:
Cuatro embarcaciones españolas surcan el Atlántico y Colón arriba el 30 de julio de 1502 a tierras hondureñas,

descubriendo la isla de Guanaja. La encontraron agradable a la vista, entre su vegetación sobresalían bosques de robustos pinos -nuestro árbol sagrado-, y por eso fue llamada Isla de los Pinos. Desembarca en ella don Bartolomé Colón con algunos expedicionarios, al instante, en lontananza distinguen una canoa o bote de grandes dimensiones que se acerca. Tal canoa estaba hecha del tronco de un solo árbol, tenía en el centro una especie de toldo formado con petates o esteras, que servía para resguardar a los pasajeros de la lluvia y del sol, en ella venía un cacique con su mujer e hijos.
“Estos indios son más civilizados que los de Las Antillas, dijo el Almirante, pues no han mostrado asombro a la vista de los buques, ni temor al acercarse a los españoles; además , además, andan algo más vestidos que los otros isleños y la clase de artículos con que comercian es mejor”. Asegura Herrera que aquellos mercaderes llevaban hachas de cobre, para cortar madera, campanillas y cascabeles, láminas en forma de patenas y una especie de crisol para fundir aquel metal; usaban armas superiores a las que habían visto en las otras islas, consistían en espadas de madera con canales en la orilla de la hoja, y asegurados en ellos afilados y agudos pedernales, pegados con un betún muy fuerte o atados con un hilo muy consistente, hecho de intestinos de ciertos pescados. Llevaban también vasos y otros utensilios curiosamente formados de barro, mármol y madera dura, sábanas, mantas y camisolas sin mangas ni cuello, (huipiles) de algodón, blancas o teñidas de varios colores; gran cantidad de cacao, que usaban como alimento y como moneda; maíz, camotes y otras raíces alimenticias, y un brebaje de maíz fermentado que seguramente era chicha. No manifestaron ni admiración ni miedo a bordo de los buques. Las mujeres llevaban mantos en que se envolvían como las moras de Granada y los hombres cintos de algodón alrededor de la cintura…
Y ahora, Usted también lo sabe.

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