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OTRA VEZ “A LA CAPOTÍN”

Hace ya un par de años que les comentaba -con algo de tristeza- que mucho de “nuestro” folklore es ajeno. Esto tiene que ver con nuestra no menos triste condición de conquistados, de sometidos en busca de una originalidad perdida. Y para eso basta asomarse un poco a los famosos trajes “típicos” o a “nuestras” canciones más recordadas, como “Flores de Mimé” (¿“Río Verbena de Maromé, flores de mimé?” ¿Qué es eso?), o, la que hoy me ocupa de nuevo, “A la capotín”.
Pues bien, como les decía en aquella ocasión, es muy posible que su origen esté frente a Africa, como las Islas Canarias, de donde también procede nuestro acento.
Pero no estamos tan solos, en su libro “Cosas que dejé en la lejanía”, el mexicano don Juan de la Cabada nos dejó el siguiente recuerdo, que incluye un par de líneas para la canción que no conocía:


En medio de timbrazos ruidosos pasaban por la calle los tranvías urbanos, iban tirados por mulas. En mi memoria me veo consciente de todo este espectáculo; frente a mí, un niño menor que yo, rubio, con ojos azules y casi toda la cara embadurnada, estaba sorbiendo ávido en un tazón de bola, caldosos frijoles negros, que de cena nos daban antes de acostarnos. El niño tenía un huipilito bordadito. A mi me daba mucha risa ver su cara manchada, toda de negro, bajo su pelo y sus ojos verdiazules. De repente es a mi al que primero cargan y pasan una toalla húmeda por la boca, era mi madre y en la parte de la toalla donde me limpió, una delatadora mancha negra me hizo llorar al sentir este pensamiento de reproche, inexplicable entonces.
¡Caray, pero qué malo soy, en ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el mío!
Una de las sirvientas -pues había varias- se llamaba Lucha, la otra Rafaela, ésta limpió a Ramón. Luego, metidos los dos en una hamaca, mientras nos mecían, empezaron a cantar:
Con el capotín tin-tin-tin,
que esta noche va a llover,
con el capotín tin-tin-tin,
de la noche al amanecer.

No me mates con pistola,
ni tampoco con puñal.
Mátame con los besitos,
de tus labios de coral.

No me tires de tomates,
ni tampoco con limón.
Tírame con los suspiros
de tu ardiente corazón.

Y seguía el arrullo aquel y nosotros ya estábamos en el otro mundo, es decir, en la región de los sueños. Seguramente esas letrillas pertenecían al género chico español “El morrongo”, por ejemplo.
Y ahora, Usted también lo sabe.
P.D.:
Y aquí hay otra variante

El capotín
1. Yo soy firme para amarte
y constante en el querer.
Que trabajos pasa a un hombre
cuando quiere a una mujer.
Yo soy firme para amarte
y constante en el querer.
Que trabajos pasa a un hombre
cuando quiere a una mujer.
(Estribillo)
Con el capotín, tín, tín, tín,
que esta noche va a llover.
Con el capotín, tín, tín, tín,
¿qué será al amanecer?
Con el capotín, tín, tín, tín,
que esta noche va a llover.
Con el capotín, tín, tín, tín,
¿qué será al amanecer?
2. Que trabajos pasa a un hombre
cuando empieza a enamorar.
Toma vino. Se emborracha.
Y se acuesta sin cenar.
Que trabajos pasa a un hombre
cuando empieza a enamorar.
Toma vino. Se emborracha.
Y se acuesta sin cenar.
(Estribillo)
3. No me mates. No me mates
con pistola ni puñal.
Mátame con tus ojitos,
o esos labios de coral.
No me mates. No me mates
con pistola ni puñal.
Mátame con tus ojitos,
o esos labios de coral.
(Estribillo)

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