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LA AUDIENCIA DE LOS CONFINES

La ciudad de Gracias está experimentando un muy merecido renacer. Sus calles, sus iglesias, su paisaje y su historia bien lo merecen. Y, aunque apenas quede como recuerdo una fachada, también tuvo otros momentos de esplendor con la Audiencia de los Confines, como veremos hoy con esta historia que tomo del libro “Honduras”, de don Luis Mariñas Otero:
El 20 de noviembre de 1542 representa una fecha trascendental en la historia de América en general y de Centroamérica en particular. Aquel día firmó el emperador en Barcelona las llamadas «Leyes Nuevas» y creó la Audiencia de los Confines.
Por las primeras quedó definido de una vez por todos los estatutos jurídicos del indígena, no como esclavo, sino como un súbdito de Su Majestad, de igual categoría que los españoles y cuyas peculiaridades buscan tan sólo su protección y asimilación. Se establecía en ellas: «que en los pleitos entre indios o con ellos no se levantasen grandes procesos, como solía suceder por malicia de algunos abogados y procuradores; sino que se instruyesen sumariamente; guardando sus usos y costumbres que no fueran notoriamente injustos». Se prohibía hacer esclavos a los indígenas y emplearlos para cargas; y a los virreyes, gobernadores y sus tenientes, oficiales reales, prelados, monasterios, cofradías, hospitales y todas las personas favorecidas con oficios, el tener indios en encomienda. Disponiéndose que los dueños de encomienda que tratasen mal a sus peones fueren despojados de ella, que quedaría incorporada a la Corona.
En la misma fecha quedó Centroamérica agrupada en una sola entidad política con el nombre de «Audiencia de los Confines», cuya jurisdicción comprendía Tabasco, Chiapas, Yucatán, Cozumel, Soconusco, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Veragua y Darién, suprimiendo la Audiencia creada en Panamá en 1537, con jurisdicción sobre las tres últimas provincias.
Según las leyes de Barcelona, ampliadas por la Real Cédula de 13 de septiembre de 1543, el poder quedaba centralizado en la Audiencia, dependiente directamente del monarca y del Consejo de Indias; la situación jurídico-económico-social de los indígenas, perfectamente definida y protegida, y el poder de los colonos, limitado.
Estos, que llevaban luchando duramente desde hacía veinte años por unas tierras que ya consideraban propias y a las que se sentían entrañablemente vinculados, no permanecieron en absoluto en actitud pasiva.
Se produjo, a todo lo largo y ancho de América, el levantamiento de los colonos, cuya importancia y gravedad resulta sorprendente no haya sido calibrada en todo su alcance por los historiadores. Toda la obra española en América estuvo en peligro de desaparecer de golpe y convertirse el Nuevo Continente en una serie de pequeños reinos independientes y desligados entre sí bajo el gobierno de los conquistadores.
Pero esa es otra historia.
Y ahora, Usted también lo sabe.

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