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LOS SEUDÓNIMOS DE DON RAFAEL HELIODORO VALLE

Como gusto de entretenerme leyendo las múltiples publicaciones de don Rafael Heliodoro Valle, no es raro que encuentre datos curiosos como éste, que tomo del libro que sobre él hiciera su esposa doña Emilia Romero de Valle:
Mil seudónimos, pues los usaba abundantemente desde entonces.
Y en esta página refirió algunos incidentes que había sufrido con su uso. Dice así:
No podría decir cuántos son mis seudónimos. De algunos, ya no quiero ni reconocer su paternidad. Creo que hasta utilicé en uno de los semanarios de esta capital el seudónimo que sirve a todos los colaboradores de dicho semanario cuando el artículo resulta una verdadera calamidad.
Pero verá usted, hay cosas deliciosas que me han pasado con algunos de mis seudónimos. Cuando estaba en Washington, al servicio diplomático de mi país, enviaba crónicas en los días de la Guerra Mundial y en uno de ellos comentaba los «días sin azúcar» y “las noches sin ostiones» y me permitía una broma con el general Pershing, el que ahora está en Arica. El lío se armó. ¡Ni para qué me acuerdo de eso que es tan desagradable! La policía reservada me tomó como si fuera agente de los alemanes y pues mi carta fue abierta en Nueva Orleans tuvieron que ver en el asunto no sé cuantos policías yanquis, hasta la Naval … Fue necesario probar en el Departamento de Estado con varias personas de honradez y de arraigos que yo había sido uno de los organizadores de la manifestación aliadófila cuando en Tegucigalpa se supo la invasión de Bélgica.
(El seudónimo que le causó estos trastornos fue el de LORD TIFFANY, y el
lío fue mayor, porque había usado para escribir su crónica papel del Consulado de Honduras en Nueva York.)
La segunda vez es algo chistoso. Usaba yo por seudónimo el de Luis G. NUILA, que todavía gusto de usar. En esos días el director de mi periódico recibió una carta de un señor de ese apellido quien preguntaba si yo era el hijo que había dejado por allí el general Nuila y a quien la familia quería recoger para educarlo convenientemente.
Y, años después, él mismo revelaría por qué gustaba usar esos múltiples seudónimos: «Entre mis compañeros —dice — se habla de mis múltiples seudónimos. Creo que se ha exagerado porque no pasan de diez. Ha sido una de mis voluptuosidades la de ampararme en nombres imaginarios que a mí mismo me han dado la ilusión de que realmente existen…»
He aquí al poeta: cada seudónimo es un personaje que su imaginación anima, que vive en el mundo exterior y puede pensar y discurrir y, por ello, se inviste del derecho de crear un nuevo seudónimo en cuanto se le ocurre.
Su costumbre de usar seudónimos fue siempre motivo de
broma para sus compañeros de trabajo. El magnífico epigramista
que fue PEPE NAVA (José F. Elizondo), escribió en una ocasión esta ‘calavera’:

RAFAEL HELIODORO VALLE
Cuando fueron a buscar
la tumba de este prohombre,
nadie la pudo encontrar,
perdida entre tanto nombre
que usaba para firmar

Y ahora, Usted también lo sabe.

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