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LA LEYENDA DEL QUINTRAGAL

Para que don Walter Andrés López Hernández recuerde Toloa Creek, en Tela…
Uno de los programas que siempre hemos admirado y aprovechamos para ensalzar es “Cuentos y Leyendas de Honduras”, que dirige don Jorge Montenegro, si mal no recuerdo. Con esto en mente les traigo hoy una leyenda cuyo origen se pierde en la más remota antigüedad y que tomamos de los Anales del Archivo Nacional.
Los relatos antiguos de los viejos aseguran que el hombre, en épocasprimitivas, se vio obligado a luchar con grandes fieras y monstruos que merodeaban en las poblaciones y asolaban las selvas, siendo de los más temibles las serpientes que abundaban y eran de sorprendente tamaño… las leyendas que nos han llegado se han visto reforzadas por el aparecimiento, de cuando en cuando, de largos esqueletos de culebras que se han encontrado en las montañas que circundan el lago de Yojoa.
Son varios los sitios que llevan nombres geográficos que se relacionan con monstruos fabulosos: los Sisimites, las Sierpes de Cuerpo, que viven en las ciénagas (no ciénegas, como a veces oímos decir). Pero la sierpe del Quintragal, según la leyenda de que me ocupo, vivió, para terror de los indios Lencas, en el sitio de La Pozona, a una legua más o menos al sur de La Esperanza, cabecera del departamento de Intibucá, en el río del mismo nombre. Ahí vivió en La Pozona, en tiempos de Maricastaña, la temible sierpe del Quintragal, de enormes cuernos y duras cosconas que la fábula pinta tan larga de cuerpo que por más que salía la fiera de la cueva sin fondo, nunca terminaba de salir, motivo por el cual los indios no le conocieron la cola, pero sí sabían que la cabeza del oficio se alejaba de su cubil hasta una legua de distancia, en busca de su delicada presa.
Y ¿cuál era su alimento preferido? Habrán de horrorizarse: eran las criaturas recién nacidas, cuyo olor, para desgracia de las parturientas y de la humanidad de aquellas vecindades, sentía admirablemente a grandes distancias, con lo cual está de más decir que era el terror y pesadilla de aquellos habitantes.
Con esta historia saludamos el esfuerzo de dar a conocer lo nuestro que ha hecho durante tantos años don Jorge Montenegro.
Y ahora, usted también lo sabe.

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