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LA LOZA DE COMAYAGUA

La nuestra es una tierra de riquezas. Tenemos una hermosa historia, gente linda y mucha fe en el futuro. Pero también hemos tenido lo opuesto, aunque sea la excepción. Así nos lo narraba don Pompilio Ortega en sus Patrios Lares:
La loza de porcelana tardó mucho tiempo en llegar a Honduras, y su lugar lo ocupó años, la industria alfarera de la Villa de San Antonio. Si la educación de nuestros antepasados hubiera sido otra, esa industria fuera hoy cosa floreciente y de gran mérito económico para el país, pues, con el sistema de nuestra cocina, los trastos enlozados elevarían en muchos puntos nuestro nivel de cultura, y no se vaya a creer que aquella loza de Comayagua, como se le llamaba, era un trabajo vulgar. Suerte o casualidad, pero cerca de este lugar había o debe haber todavía, una veta de cierto mineral, que a mi me parece una mezcla de minerales, con la que daban el lustre, que de existir todavía, sería única en su clase. En la pila bautismal de mi pueblo natal conocí un jarro de un color difícilmente describible, pues era amarillo oscuro, rojo brillante, negruzco, con tonalidades azules, que reflejaba la imagen en las formas más extrañas. En todos los lugares donde he viajado, pongo cuidado especial al lustre de los trabajos de alfarería y nunca, ni en exposiciones, he visto algo semejante. Aquello era, pues, una rareza. Y por qué no puede hoy Honduras ufanarse de esa rareza? Pues sencillamente, porque los alfareros villanos se escondían para preparar el baño que daba el famoso lustre y solamente en altas horas de la noche iban a extraer el mineral que lo producía.
Qué espantoso pecado es el egoísmo. Es una necesidad que haya infierno para que vayan a chamuscarse allí esos desgraciados cuyo pecado, en vez de disminuirse con el tiempo, se agranda infinitamente. Si aquellos mentecatos no hubieran sido egoístas, qué sería hoy la Villa de San Antonio? En vez de calles lodosas o polvosas, asfaltadas y lustrosas; en vez de niños descalzos y haraposos, calzados y bien vestidos; en vez de calles oscuras, iluminadas; en vez de burros, automóviles, y en fin; en vez de pobres…ricos. Todo por una sola palabra: egoísmo.
Y ahora, usted también lo sabe.

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