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EL DRAGÓN DORADO

De las siempre entretenidas páginas del libro de don Jesús Aguilar Paz, “Tradiciones y Leyendas de Honduras”, les traigo el relato de hoy:


En la Revista del Archivo y Biblioteca Nacionales se encuentra publicada en los números IX y X, tomo X, correspondientes a los meses de marzo y abril del corriente año de 1932, una traducción hecha por el ya extinto periodista don Juan A. Sotomayor de un artículo escrito por el extranjero George Byron Gordon, relativo a unas exploraciones arqueológicas que dicho señor llevó a cabo en el Valle de Sula, es decir, en las regiones del Ulúa, en la antigüedad muy pobladas. Dichas exploraciones se consumaron a fines de siglo. Dice Gordon que guiado por un nativo de nombre Dionisio, comúnmente llamado Nicho, diminutivo del primero, logró encontrar un grupo de ruinas interesantes, situadas al pie de las montañas, como a seis millas del río Ulúa, sin que actualmente por el relato pueda averiguarse el punto geográfico en donde están situadas. 
Cerca de dichas calpulerías está una quebrada que tenía un salto de agua considerable, cuyo ruido atronador se distinguía de lejos. Dicha quebrada, según el testimonio de Nicho, estaba envuelta en las redes de la bruja tradición. Al respecto, oigamos al citado Gordon:
Durante las tres semanas que allá pasé investigando las ruinas, he hecho varios viajes a la montaña. El objeto de esos viajes era visitar una maravillosa caída de agua que Nicho conocía. En el despeñadero hay un fenómeno acústico, es el eco repetido. Hasta las gotas de lluvia producen ese fenómeno. Quizá por esto es conocida con el nombre de Quebrada Encantada. 
Según lo que contó Nicho, en la Quebrada Encantada habita el Dragón Dorado. Antes de la llegada de los españoles, la gente de esta región depositaba en las márgenes de esta laguna guijarros y arenas de oro. Entonces aparecía el Dragón y recibía esas ofrendas a la orilla de la laguna donde quizás vive aún dirigiendo los vientos y las nubes para la buena regulación de las lluvias.
El espíritu de los indios aún respeta estos sitios como lugares encantados. 
Por lo inconcluso del relato de Gordon no puedo fijar, como indiqué, a qué laguna hace referencia, lo que queda por averiguar.
En lo tocante al fenómeno del eco repetido se nota, pero no es de mucha importancia, siendo nomás el hecho de que cuando se grita o se hacen otros ruidos cerca de una catarata, ésta avienta andanadas de agua o abanicos de rocío a mayor distancia, bañando generalmente al bullicioso visitante. De este fenómeno se cuenta como más notable el que sucede en las caídas de agua del río Yojoa y Río Blanco, de Cortés, y otros saltos en los que he podido constatar el fenómeno, tal como sucede en el río Jaitique, cerca de la aldea de Azacualpa de Zacapa en Santa Bárbara.
Y ahora, Usted también lo sabe.

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