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LAS BAJEZAS DE LOS ENEMIGOS DE MORAZÁN (5)

Uno de esos fenómenos que tiene el comportamiento humano es pretender hallar caballerosidad en medio de la guerra. Como bien lo sabemos, los hechos reales que nos cuenta la historia no son nada en comparación de lo opuesto. Así nos lo cuenta hoy doña Anarella Vélez en “Honduras: Mujeres en su historia. Redimiendo la vida de Josefa Lastiri Lozano”:
Los dos vástagos mayores de Morazán fueron acogidos por Josefa en su hogar. En la biografía de Francisco Morazán Quesada escrita por Enrique Guier nos relata: “…toleró a su lado dos hijos naturales del segundo marido, cuyos devaneos amorosos no desmentían sus vigorosas facciones masculinas. De uno de los hijastros pudo decir la joven esposa, lo que no fue en mi año no fue en daño. Pero del otro quizá no”.
La última de las hijas de Josefa nació en medio de las peores circunstancias vividas por la Federación. Guatemala, El Salvador y el sexto, nuevo y efímero Estado de los Altos ( país creado durante la República Federal en los años 30, cuya capital fue Quetzaltenango y ocupaba lo que actualmente es el oeste de Guatemala y parte de Chiapas, el cual se creó como respuesta a las diferencias políticas entre la Ciudad de Guatemala y Quetzaltenango, que era realista y no se independizó sino hasta el 2 de febrero de 1838, siendo reconocida por la Federación el 5 de junio de ese mismo año, se encontraban en plena guerra civil, mientras Nicaragua, Honduras y Costa Rica se separaban sucesivamente de la República.
En 1839, 1o de Febrero, Morazán finalizó su período presidencial y entregó el poder a su concuñado Don Diego Vijil y Cocaña, quien fungió como Vicepresidente de la Federación. Vijil, por su parte, nombró a Francisco como jefe del ejército Federal y en abril de ese año venció a las fuerzas combinadas de Honduras y Nicaragua en el combate del Espíritu Santo, donde sufrió una herida de consideración. Poco después fue elegido como Jefe de Estado de El Salvador, cargo del que tomó posesión el 11 de julio de 1839.
Josefa, siendo la Primera Dama de El Salvador, su propio cuerpo y el de sus hijos se convirtió en botín de guerra. Sufrió el escarnio, producto de los odios políticos de los conservadores centroamericanos. En septiembre de 1839, en ausencia de Francisco detonó una revuelta en San Salvador. Los rebeldes tomaron como rehenes a Josefa y a su familia para exigir al Jefe de Estado que abandonase su cargo.
Francisco respondió así: Los rehenes que mis enemigos tienen en su poder son para mí sagrados y hablan vehementemente a mi corazón; pero soy el Jefe de Estado y mi deber es atacar; pasaré sobre los cadáveres de mis hijos; haré escarmentar a mis enemigos y no sobreviviré un instante más a tan escandaloso atentado.
El Jefe de Estado Morazán atacó furiosamente a los amotinados que fueron definitivamente derrotados. En su huida abandonaron a Josefita y sus hijos sin causarles daño. Penosamente para Josefa y los unionistas centroamericanos los combates continuaron y Morazán dispuso que su esposa y su familia abandonasen El Salvador y se trasladasen a Costa Rica.
Y ahora, Usted también lo sabe.

 

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