Home / La Otra Honduras III Parte / DOÑA JOSEFA LASTIRI TRAS LA MUERTE DE MORAZÁN (8)

DOÑA JOSEFA LASTIRI TRAS LA MUERTE DE MORAZÁN (8)

Es una historia más de pobreza, que pasaría desapercibida si no se tratara de la compañera de Morazán. Pero lo que hoy nos comparte doña Anarella Vélez en “Honduras: Mujeres en su historia. Redimiendo la vida de Josefa Lastiri Lozano”, va más allá de lo que esperábamos: 

Permaneció un tiempo en Heredia y luego se trasladó a El Salvador en la goleta Coquimbo, el 12 de diciembre desembarcaba en el puerto de La Unión para establecerse en Cojutepeque, sumida en la pobreza, como establece la carta dirigida al jefe del Gobierno de Costa Rica, José Rafael de Gallegos:
Supremo Poder Ejecutivo de Costa Rica:
María Josefa Lastiri de Morazán, vecina de Cojutepeque, con el respeto y consideración debidos, ante el Jefe Supremo del Estado digo: que reducida como estoy a la desgracia consiguiente a los suceso ocurridos en esa capital de San José el 15 de septiembre de 42, donde a la pérdida mi bien amado esposo del señor Francisco Morazán, se siguió la de los pocos intereses que me quedaban para la escasa subsistencia de mi familia, me veo en la dura necesidad de reclamar de ese Supremo Gobierno el pago de la pequeña cantidad que en razón de sueldos se adeuda a mi difunto esposo como gobernante que fue de Costa Rica por espacio de cinco meses.
Si no fuesen tan públicos como son a todo el Estado y al mismo Jefe que tan dignamente rige hoy en Costa Rica, los sacrificios de su fortuna y reposo que hizo Morazán, para dar a los costarricenses un Gobierno de leyes y una patria, yo pintaría este hecho con los colores que merece y de él sólo deduciría la incuestionable justicia que me asiste para demandar en alta voz los sueldos que devengó mi marido en ese período. Diría que la actual prosperidad, la libertad ilimitada de que gozan esos pueblos y los altos destinos que en un porvenir quizás no lejano les aguardan, han sido comprados con la sangre de su libertador y compatriota generoso. Mas el pueblo mismo y la Asamblea toda en sus actas reconocieron de un modo explícito la legitimidad con que mi esposo gobernara el Estado; y esto basta para fundar en derecho la justicia del reclamo en cuestión, aun cuando la gratitud a sus servicios no hablara como habla a favor de esta demanda, la más interesante, la más justa y urgente que pudiera presentarse a un Gobierno como el de Costa Rica ilustrado y recto.
Apoyada en tales seguridades y llena de la confianza que me inspiran los principios de equidad y justicia que rigen esa Administración, no dudo que Ud. Se servirá decretar el pago de los sueldos indicados y al mismo tiempo mandar se entregue su importe a mi apoderado D. Eduardo Wallerstein o D. Juan Mora. Es justicia que pido del Supremo Poder Ejecutivo. Cojutepeque, Mayo 1, 845 (Castañeda, 1992: 26).
Los bienes heredados de sus padres y de los Travieso se disiparon en las campañas de Morazán. Los compañeros que sobrevivieron a la gesta morazánica, particularmente Santos Guardiola, trataron de protegerla de la miseria e hicieron algunas gestiones infructuosas para que se vendieran los barcos y armas adquiridos por Morazán. Murió en San Salvador en 1846, a los 52 años de edad.
Y ahora, Usted también lo sabe.

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