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PRESIDENTES Y PRESIDENTES

Don Marco Antonio Rosa, para suerte nuestra, dejó varios libros para la posteridad. En ellos seguimos encontrando inolvidables notas históricas y constantes muestras de su buen humor. De uno de ellos, “Embalsamando Recuerdos”, sale nuestra historia de hoy:

-Señor Presidente, allí están unos señores que les urge hablar con usted. Dicen que vienen en representación de todos los ganaderos del país y ruegan a usted que, por favor, los reciba ahora mismo.
-Está bien, hágalos pasar.
Después de los saludos de rigor, el más avispado de ellos tomó la palabra y expresó con emoción:
-Señor Presidente: sírvase disculparnos por no haber pedido audiencia con la debida anticipación, pero el asunto que nos trae es urgente por lo grave, además nos persigue el tiempo. Asimismo le rogamos aceptar nuestros sinceros agradecimientos por habernos recibido tan pronto.
-Pierdan cuidado, amigos, aquí estoy PAGADO -y subrayó la palabra- para servir a mis conciudadanos. Siéntense y pónganse cómodos que, de mi parte, estoy presto a escucharles.
Fueron serias y muy serias las acusaciones que hicieron contra un sujeto que calificaron de monopolizador y perverso; agregando que era tal la ambición de ese extranjero indeseable, que de cierto se sabía que iba a importar un tipo de ganado enfermo que introduciría clandestinamente en toda la República con el objeto de que la enfermedad se propagara de uno a otro confín del país. En otras palabras, Señor Presidente, Dentro de 6 meses o un año, en Honduras no habrá ni un solo ternerito en pie.
-Qué cosa más terrible, señores! Ese es un asunto de gravedad trascendental para la vida de la República…Atajémoslo a tiempo. Ahora mismo llamo por teléfono al señor Ministro de Gobernación y telegrafiaré de urgencia a las autoridades costeñas para que capturen al mencionado sujeto y lo deporten. ¿Qué les parecen a ustedes esas medidas?
-Notables, Señor Presidente. Ya sabíamos que no nos defraudaría. Reciba por anticipado agradecimientos no solo de nosotros, sino de todos los ganaderos del país por proceder tan rápida como sabiamente.
-¿Sabiamente, dijeron?
El Señor Presidente quedó como sumido en hondas meditaciones. Los denunciantes le veían como queriendo hipnotizarle para que cuanto antes procediera con su reciente insinuación.
Un timbre hizo sonar el doctor Miguel Paz Baraona (Sin hache, N. del Recopilador), presidente de la República, y pronto apareció un caballero bien trajeado a quien dijo:
-Por favor, trae pluma y papel y anotas la acusación que estos señores formulan contra un extranjero que llaman pernicioso. Escribe exactamente lo que te dicten con puntos y comas; luego haz que cada uno de ellos te firmen la denuncia.
Pálidos y nerviosos, los delegados en vano hacían insinuaciones para que el doctor Paz Baraona no tomara aquella determinación.
-Acaso usted, Señor Presidente, duda de nuestra palabra? -terminaron diciendo.
-Señores, les he escuchado con paciencia hasta el fin para conocer el problema, mejor dicho, sus propósitos. Ahora quieren ustedes que yo proceda sin una base firme. Las palabras son hojas secas que se las lleva el viento…Sin embargo, no creo que ustedes sean de ese tipo de hombres que tratan de sorprender con chismes, así que : ¡A firmar se ha dicho!
Con la testa agachada y con porte de zopilotes después de una tormenta, así salieron de Casa Presidencial aquellos defraudados embusteros.
El Presidente Miguel Paz Baraona sonriente, pidió una tazota de café que saboreó con semitas de manteca.
Y ahora, usted también lo sabe.

 

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