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MORAZÁN COMO MOTOR DE LA IDENTIDAD CENTROAMERICANA

He dicho en algún artículo previo que uno de los papeles más importantes que jugó la Reforma Liberal de don Marco Aurelio Soto y don Ramón Rosa fue la generación de un sentimiento de pertenencia, de unión y nacionalidad. Y en ese proceso jugó también un papel preponderante la figura genial de Morazán. Así lo leemos en “Acercamiento al proceso de heroización de Francisco Morazán en América Central (1848, 1892, 1942)”, de Catherine Lacaze: 

El centenario del nacimiento de Morazán (1892). La denominada época conservadora se acabó con la “revolución liberal del 1871” en Guatemala. Al igual que en el resto de América Latina, los gobiernos liberales prestaron especial atención a los medios capaces de desarrollar un sentimiento de pertenencia nacional. Sin embargo en América Central los proyectos de nación aún se movían entre la dimensión centroamericana y la estatal. En esta búsqueda ambigua de invención de una identidad nacional, la historia patra elaborada en torno a los héroes fue un elemento fundamental. El primer gobierno en erigir una estatua a Morazán fue el de Rafael Zaldívar en El Salvador en 1880 y la inauguración tuvo lugar en la capital el 15 de marzo de 1882. Así se abría un periodo de oficialización y hegemonía de su figura heroica en América Central. Al año siguiente, el gobierno hondureño de Marco Aurelio Soto también erigió una estatua de Morazán en Tegucigalpa con el mismo ingeniero Durini. Incluso en Costa Rica el gobierno decretó en 1887 la erección de un parque en su honor en San José que se inauguró al año siguiente a pesar de la polémica generada en la prensa (Díaz, 2007, P. 103-108).
La conmemoración del centenario del nacimiento de Morazán en 1892 fue un momento importante en su proceso de heroización aunque no fue preparada tan minuciosamente como las celebraciones anteriores. Fue en Guatemala con el liberal José María Reina Barrios y en El Salvador con Carlos Ezeta, aunque de tendencia conservadora, donde los gobiernos decidieron participar activamente en la conmemoración al declarar fiesta cívica nacional el 3 de octubre, día del nacimiento de Morazán, y al publicar álbumes conmemorativos. En el caso guatemalteco se subrayaba su figura militar motivada por principios liberales (Castañeda, 1892) mientras que en El Salvador se seguía fortaleciendo su imagen de “pueblo de predilección de Morazán” (Diario Oficial, 1892). Como lo plantea Cuenin (2008: 2192-93), se trataba de una apropiación por parte de cada Estado de la figura de Morazán en la elaboración de un sentimiento nacional.
Si la memoria oficial establecida en El Salvador pareció generar consenso entre la élite nacional, en Guatemala no fue tan fácil y se desató una fuerte polémica en la prensa. Por un lado Mencos (1982, P. 262-263) quería destruir la imagen heroica de Morazán por considerarlo enemigo del pueblo de Guatemala. Para hacer frente a este argumento, Montúfar (1996, P. 26) sostenía que los conservadores habían sido desde el principio opuestos a la unión con el fin de establecer una identificación total y exclusiva entre liberalismo y federalismo. Intentó usar la figura de Morazán para reunir al partido liberal en una oposición clara al partido conservador, pero esta interpretación militante no daba cuenta de la complejidad de las posiciones políticas asumidas. Miguel García Granados, presidente de Guatemala entre 1871 y 1873 y uno de los principales líderes liberales en esta época, había escogido afiliarse al partido conservador durante la época de la Federación porque estimaba que los partidarios de Morazán eran “exaltados” y conformaban un partido “exagerado” que quería cambiar las estructuras del poder sin tomar en cuenta la realidad de la sociedad; él abogaba por una transición lenta en torno a la potencia guatemalteca según la herencia colonial. Aunque García Granados se definía como unionista, retomó la historiografía conservadora en torno a Morazán en cuanto jefe militar responsable de la desagregación de la Federación. (García, 1952, P. 284-287) .
Frente a estas divisiones entre la elite liberal guatemalteca, el hondureño Ramón Rosa quiso subrayar la renovación del liberalismo: al igual que García Granados criticaba el proyecto de nación centroamericana defendido por Morazán pero explicaba la posición del personaje histórico al plantear su “generoso radicalismo” como un elemento propio del principio del siglo XIX (Rosa, 1996: 37- 38). Sin embargo Rosa estaba consciente de la necesidad de una bandera para el “patriotismo centroamericano” y Morazán servía en este sentido ya que podía simbolizar a la vez la unión centroamericana y el respeto de las leyes. De esta manera, su figura fue construida como el modelo del ciudadano “convertido por amor a la patria y al derecho, en el rayo destructor de la guerra.” (Rosa, 1996, P. 106). Cuenin (2008) subraya que al haber sido pacífica la independencia de Centroamérica, y al haber desembocado además en la anexión a México, Morazán era la figura con más potencial para ser considerado como el Padre de la Patria. La mayor fuerza del héroe residía paradójicamente en su propio fracaso político, dado que lo que simbolizaba todavía quedaba por construir, y su culto debía incitar a actuar en este sentido (Rosa, 1996, P. 14).
Sin embargo como lo plantea López (2007, P. 103) “estos llamados a la unión deben ser tratados con cautela. Para los líderes salvadoreños cualquier proyecto unionista siempre tendría como precondición no quedar sometidos al dominio de Guatemala. Es de suponer que una postura parecida tuvieron los guatemaltecos; de allí, las dificultades que inevitablemente surgían cuando se trataba este tema.” En efecto, numerosas dietas centroamericanas fueron celebradas a lo largo del siglo XIX pero todas fracasaron y las figuras antes subordinadas a Morazán en la jerarquía heroica del panteón centroamericano pasaron a ser figuras tutelares por ser propiamente nacionales y con más consenso entre la población. Fue el caso sobre todo para Gerardo Barrios en El Salvador y Justo Rufino Barrios en Guatemala, los dos considerados como herederos del “ideal morazánico” pero cada uno representaba la oposición a la hegemonía del vecino.
Y ahora, Usted también lo sabe.

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