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INTIBUCÁ E IRAMANÍ

En realidad, la gran mayoría de nuestras leyendas y tradiciones provienen de gentes muy sencillas. Sus recuentos y relatos, por tanto, dependen en gran medida de la brillantez las plumas destinadas a darlas a conocer. Pero no descuidemos las raíces indígenas de las adoraciones que se mencionan, ya que ahí se encuentra la esencia de este relato. Y así lo veremos hoy, en este episodio que tomamos del libro de don Jesús Aguilar Paz, “Tradiciones y Leyendas de Honduras”:


El joven Valeriano Meza, oriundo de Intibucá, publicó en 1915 la parte legendaria que se refiere a las desigualdades de Intibucá e Iramaní y, como recuerdo a su memoria, copio íntegra esta parte de la tradición:
“El pueblo de Intibucá, según datos que se remontan a lo antiguo, fue en un principio verdaderamente supersticioso y fanático, y aún lo es; de aquí que en su memoria esté una leyenda, que es una maravilla.
“Se dice que tuvo dos barrios, uno que llamaban Eramaní y el otro de Intibucá y se supone que Eramaní era el más floreciente, el que más decidido empeño tomaba por la salvación del alma, y que, ávido de veras con Dios, después de sus días, luchaba por una felicidad desconocida. Dícese que disputaban cuestiones de religión y que por las inmoralidades cometidas, tanto de una como de otra parte, vino un castigo del cielo a imponer lo justo y conveniente a cada adversario. También se dice que Eramaní tenía como imagen simbólica y adorada a un ciprés e Intibucá a un amate; y que estos árboles dieron principio al decaimiento de los barrios preanotados. Se supone que el ciprés sucumbió, y que las hojas del amate fueron arrebatadas por un viento misterioso, pero que luego reverdeció.
“Se agrega, además, que así como el ciprés secó, Eramaní decayó completamente, e Intibucá tuvo pérdidas, pero fueron recuperadas así como las hojas del amate.
“En Intibucá se observa casi anualmente que sus habitantes mueren muchos antes de la primavera, pero luego se restablece el equilibrio con los que nacen; de ahí deducen todos que así como el amate reverdeció, así también Intibucá se levanta en medio de la Sierra de Opalaca, aquella virgen misteriosa y gigante”.
Y ahora, usted también lo sabe.

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