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POR QUÉ SE CONSTRUYÓ EL CASTILLO DE OMOA

De nuevo tomamos prestado nuestro programa de hoy de las páginas de Doña Doris Zemurray Stone, “Estampas de Honduras”, para explicar muy brevemente las razones que tuvieron los españoles para proteger nuestro país con una Fortaleza:
El siglo XVIII fue una mezcolanza curiosa: nuevas minas, catedrales, un santo patrón, incursiones piratas en el interior y una fortaleza maciza en la costa. Al comienzo del siglo, la famosa mina de San Andrés de Zaragoza en la vecindad de Gracias fue privada de su alcaldía mayor o gobierno independiente y puesta bajo la jurisdicción de Comayagua. Había habido invasiones ocasionales de bucaneros franceses en el sur al final del siglo, pero ahora los británicos atacaban otra vez con intensidad. Instigaron a los mestizos, zambos, los mosquitos y los indios jicaques (sic), y los arrojaron hacia el interior para que atacaran poblaciones muy metidas dentro del país. La próspera Danlí y la región adyacente hacia el norte109 fueron asaltadas por indios armados de arcos y flechas y por negros y mestizos con pistolas y fusiles.
Las incursiones de piratas y de indios continuaron. Las minas estaban esparcidas por todo el territorio, pero siempre eran un incentivo, una tentación. En 1744 quedaron descubiertas, a lo largo de las laderas escarpadas de Yuscarán, los reales de minas de San José o de Quemazones y Guayabillas, como se las conoció al principio. Pertenecían a Tegucigalpa, pero estaban bastante cercanas a las regiones de Segovia y Olancho de donde habían llegado incursiones piráticas. Era necesario que algo detuviera a los corsarios. Había una buena idea; la de alzar un fuerte en el Caribe. La bahía de Omoa situada entre el Río Dulce, Trujillo y las Islas de la Bahía, eran el punto ideal. Tenía una ensenada bien protegida teniendo cerca terrenos que podían producir el alimento necesario para una gran guarnición permanente. Y tenía que ser permanente, pese a que las reales órdenes pregonaran lo contrario. El gobernador de Comayagua solicitó el envío de hombres con sus esposas para que se trasladasen a vivir dentro de los confines del fuerte para la construcción del cual la Corona finalmente dio el dinero indispensable. Siendo la raza humana lo que es, pensó el prudente gobernador que la presencia de las esposas eliminaría el peligro de que la guarnición huyera si llegasen a presentarse graves dificultades. Los hombres en su mayor parte permanecieron con sus mujeres. También era importante recordar que allí empezaba el camino que conducía a San Pedro Sula, Quimistán y el lejano interior de donde el mineral en barras había iniciado su marcha hacia la costa. Había aun otra ventaja para la localización escogida. No estaba muy distante Guatemala del camino que por el lago de Izabal llevaba al centro del reino, y a la vez quedaba cerca del floreciente campamento maderero británico de Wallis o Belice, madriguera de algunos de los bucaneros más formidables. Estas fueron entonces las razones porque se impartió finalmente la orden para que se construyera el Castillo de Omoa.
Y ahora, Usted también lo sabe.

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