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LA CELEBRACIÓN DEL 15 DE SEPTIEMBRE EN 1849

Recurro de nuevo a los Anales del Archivo Nacional para llevarles esta nueva página de “La Otra Honduras”. 
Muchos días antes del 15, diferentes comisiones compuestas de los ciudadanos más notables, se ocupaban porfía en los preparativos para solemnizar de un modo singular, el gran día de la patria. Por una parte se preparaba un carro alegórico, en otra se alistaban los edificios destinados a los banquetes y bailes del 15 y el 16. 


Dos días fueron los destinados a la fiesta pública para que el pueblo contemplase su emancipación y se consagrase únicamente a la función de la libertad. A las tres de la mañana un repique de campanas anunció que el sol que alumbró el día feliz del año de 21, comenzaba a derramar su brillante luz en el oriente. La campana del Cabildo sonó a esas mismas horas y la Municipalidad se reunió al instante. 
La mañana estaba fresca, despejada y esmaltada en estrellas. Y aunque no alumbraba la luna, la misma sombra de la noche, disipada un poco por la aurora, hacía más interesante y pintoresco el cuadro donde los libres saludaban con aplauso el risueño día de la Independencia. 
La música de cuerdas y la marcial se oyeron en las calles hasta la salida del sol. En seguida, la artillería sonó sus descargas de ordenanza y una hora después, la campana municipal dio la señal de reunión para ir a dar gracias al Omnipotente por habernos libertado de la tiranía europea y habernos sostenido hasta el día con su Divina Providencia, no obstante nuestros extravíos con que hemos dado lugar a que la ambición extranjera nos amenace con nuevas cadenas, y concluida la misa a la que concurrieron las supremas autoridades, la muy ilustre corporación municipal, los jefes político e intendente, el comandante departamental y sus subalternos y muchos vecinos de nuestra ciudad, se dirigió tan digna comitiva al Cabildo, acompañada de varias municipalidades de los pueblos cercanos y, reunidos todos en el salón principal, se pronunciaron algunos discursos. 
Antes y después de la misa, la gran marcha o paseo de la bandera se ejecutó con la mayor solemnidad, lo que también se repitió en la tarde del 15 y el 16 por la mañana. Un carro construido con gusto y graciosamente adornado iba colocado en el centro de la marcha.
En las primeras formaciones se veían las corporaciones vecinas que prestaron su asistencia, y después del carro marchaban los individuos de los Supremos Poderes y demás personas de las que hemos hablado antes, agregándose a esto un cuerpo de infantería y otro de caballería que caminaban a la retaguardia de un modo regular y uniforme.
Todo era grande y majestuoso y todo daba a entender que se solemnizaba el día más célebre de la nación.
No podemos decir que las actuales celebraciones nos dejen mal sabor, todo lo contrario. Pero es bueno saber cómo eran antes. 
Y ahora, Usted también lo sabe.

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