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LAS EXCUSAS DE ANTONIO PINTO (SEGUNDA PARTE)

Sigo leyendo de este nuevo material que he hallado, el libro “Elogio de Francisco Morazán”, de Vicente Sáenz, otro aspecto -también casi desconocido- que pudo o no haber sido determinante en la injusta muerte de nuestro máximo héroe. Juzgue usted:
Mas he aquí que otro intelectual, muy condecorado también y muy sabido, don Lorenzo Montúfar, en sus “Memorias Autobiográficas”, capítulo trigésimo cuarto, página 310, nos da una versión bien diferente, desde todo punto de vista, a la que renglones atrás se creyó necesario revisar.
Y nos la ofrece después de haber conversado con el propio Pinto, de quien podrá inferirse que fue contemporáneo.
Dice así Montúfar, y no quieran tomarse a humorismo sus palabras, que bien se prestan a meditación:
“Al efecto le pregunté una tarde por qué razón no había él juzgado al General Morazán, antes de condenarlo a muerte. Me contestó, en resumen, con mucha sangre fría: “La ordenanza disponía que el consejo de guerra fuese de oficiales-generales, y yo no los tenía. ¿Qué había de hacer? Lo mandé fusilar. ¡Y si no lo fusilo, se me muere Petronila!”
Petronila -aclara don Lorenzo Montúfar- “era una hija del señor Pinto, que solía accidentarse al recibir alguna impresión violenta”. Y sigue aclarando aquel historiador:
“Los enemigos de Morazán la habían intimidado, haciéndole creer que si al caudillo no lo fusilaban, el fusilado inmediatamente sería entonces su propio padre”.
¡Dos versiones, completamente distintas, las del militar de origen portugués que ordenó se matase a Morazán!
Primero las “turbas”, el pueblo, los hombres, las mujeres y los niños de San José, que pedían a gritos y con amenazas la ejecución del gran patriota y del gran unionista centroamericano.
¿Después? ¡¡Petronila!!
¡Petronila intimidada por los reaccionarios, por los enemigos del prócer, por aquellos que solo eran capaces de medir los ideales morazánicos, incluso la defensa del territorio nacional, amagado a la sazón por fuerzas separatistas nicaragüenses; que sólo eran capaces de medir tanta elevación de miras, a través de los míseros centavos que les pedía el gobierno para que pudiera realizarse, sobre bases firmes y estables, el engrandecimiento de su patria!
Y ahora, Usted también lo sabe.

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