Carlos Flores Facusse

Carlos Roberto Flores Facussé (10 de marzo de 1950, Tegucigalpa, M.D.C. Honduras) es un ingeniero, profesor, político y empresario hondureño de ascendencia palestina. Presidente del Congreso Nacional de Honduras entre 1994 y 1997. Quincuagésimo primero presidente constitucional de la república de Honduras en el periodo del 27 de enero de 1998 al 27 de enerode 2002.

Nació el 10 de marzo de 1950 en la ciudad de Tegucigalpa, M.D.C. Hijo del periodista y empresario señor Óscar Armando Flores Midence y la señora Margarita Facussé de Flores. Sus otros hermanos son Óscar y Celsa Flores Facussé.

Cursó sus estudios secundarios en la Escuela Americana de Tegucigalpa, continuando sus estudios universitarios en la Universidad Estatal de Louisiana (Louisiana State University) donde obtuvo el título de ingeniero industrial, miembro también que fue de la facultad Phi Iota Alfa; Flores completó sus estudios superiores realizando una maestría en Economía Internacional y Finanzas, donde conoció a su futura esposa Mary Carol Flake, con quien tuvo a sus hijos Mary Elizabeth y Carlos David Flores Flake.

Al regresar en 1970 a Honduras se incorporó a la empresa de su padre, al diario La Tribuna, así mismo al ambiente político como miembro activo del Partido Liberal de Honduras, fue nombrado directivo del Banco Central de Honduras (BCH) y del Instituto Hondureño del Seguro Social (IHSS).

Trayectoria política

Luego de su retorno a Honduras ocupó puestos de responsabilidad en la empresa y la administración públicas, como gerente general de Conpacasa y miembro de las juntas directivas del Banco Central de Honduras, el Instituto de Seguridad Social y el Instituto Nacional de Formación Profesional.

También participó en la empresa privada y fue gerente y miembro de los consejos editoriales de periódicos y revistas, S.A., grupo que entre otros medios es propietario del diario La Tribuna, y Lithopress Industrial. Asimismo, ha pertenecido al mundo académico como director de sendas cátedras en la Facultad de Administración de Empresas de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y en la Escuela Superior Bancaria Centroamericana.

Desde finales de los años setenta desarrolló simultáneamente una carrera política en las filas del Partido Liberal (PLH), siempre vinculado al departamento de Francisco Morazán. De presidente del Consejo Departamental Liberal pasó a ser diputado, primero en la Asamblea Nacional Constituyente, de 1980 a 1981, y luego en el Congreso Nacional inaugurado en 1982 tras una década de gobiernos militares.

Sirvió de ministro de la presidencia en el gobierno de José Azcona del Hoyo (1986-1990), perteneciente como él a la fracción Movimiento Liberal Rodista dentro del partido, y en 1989 fue nominado candidato del PLH a las elecciones presidenciales del 26 de noviembre de aquel año, las cuales, transcurridas entre denuncias de irregularidades, dieron la victoria al candidato del conservador Partido Nacional (PNH), Rafael Leonardo Callejas Romero, quien con el 52,3% de los votos le superó en ocho puntos porcentuales.

En 1994 fue elegido presidente del Congreso y tres años después recibió su segunda nominación para unas elecciones presidenciales, de las que habría de salir el sucesor de su correligionario y tocayo, Carlos Roberto Reina Idiáquez. En la jornada del 30 de noviembre se impuso a la candidata del PNH, Alba Nora Gúnera de Melgar, viuda del ex dictador militar Juan Alberto Melgar Castro (1975-1978), con el 52,8% de los votos, mientras que en las legislativas el PLH confirmó su dominio en el Congreso Nacional con 67 de los 128 escaños. El 27 de enero de 1998 tomó posesión para un período de cuatro años en un acto al que asistieron ocho presidentes de la región.

De inmediato anunció la adopción de un programa de ajuste económico, acordado con el FMI, para reducir la inflación, que pese al buen comportamiento de los últimos años seguía por encima del 10%, y corregir los desequilibrios de las finanzas públicas. Sin embargo, los desvelos económicos se tropezaron con la inmensa catástrofe del Huracán Mitch,1​ que a su paso a finales de octubre de 1998 arruinó la cosecha del banano, destruyó la tercera parte de las vías de comunicación y se cobró, según estimaciones del gobierno, 6.000 muertos, 8.000 desaparecidos, 12.000 heridos y millón y medio de damnificados, esto es, casi la cuarta parte de la población de Honduras.

Flores declaró que el desastre iba a lastrar el crecimiento económico nacional durante años y multiplicó sus peticiones de ayuda internacional a un país ya de por sí apurado en recursos. Las labores de reconstrucción agravaron por de pronto el déficit de las finanzas públicas, pero, inopinadamente, 1999 registró un crecimiento económico del 5%, exactamente el mismo que el registrado en 1998, mientras que en 2000 la tasa fue del 6,2%, la más alta de Centroamérica.

Este comportamiento fue gracias a la asistencia financiera y humanitaria del exterior, que impidió también una escalada de precios en los productos de primera necesidad. En febrero de 2000, el Grupo Consultivo para la Reconstrucción, integrado por delegados de varios organismos internacionales, aprobó el plan de recuperación propuesto por el gobierno de Flores y que cuantificaba las necesidades en 1.400 millones de dólares.

La respuesta positiva de la comunidad internacional a los requerimientos hondureños tras el paso del huracán reforzó la convicción de Flores de someterse a las políticas fondomonetaristas de deflación, austeridad presupuestaria y privatizaciones; estas últimas afectaron, con fortuna dispar, a los aeropuertos y a la empresa nacional de comunicaciones Hondutel. No obstante, otras reformas estructurales consideradas imprescindibles por los organismos donantes pero con un coste social a todas luces muy elevado, como las de la fiscalidad, el sector bancario y el servicio público, quedaron en suspenso.

Si gracias a la ayuda exterior las infraestructuras básicas del país pudieron ser enderezadas, la catástrofe del Mitch empeoró irremisiblemente, hasta extremos muy preocupantes, la situación de penuria, que en 2001 azotaba ya a 83.000 familias. La destrucción de cosechas se tradujo en un descenso del 9% en la producción agrícola, con el consiguiente impacto sobre el índice de pobreza, el 63%, y los de desempleo y subempleo, que en 2001 sumaron el 33% de la población activa. En el último año de su mandato, nuevas inundaciones causadas por lluvias torrenciales y la contracción económica de Estados Unidos de América, primer socio comercial, repusieron en la picota las debilidades estructurales del tercer país menos desarrollado de América tras Haití y Nicaragua.

En el orden político, completó la labor realizada por Reina Idiáquez en la desmilitarización de los poderes públicos y la sumisión de los militares al presidente de la república, no sin la resistencia de los afectados. El 18 de septiembre de 1998 el Congreso aprobó las reformas constitucionales que convirtieron al jefe del estado en el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas con la facultad de nombrar a un civil para el Ministerio de Defensa, nombramiento que inmediatamente recayó en Edgardo Dumas Rodríguez.

El 30 de julio de 1999 ejerció contundentemente su autoridad con la destitución en bloque de la cúpula del ejército, cerrando la incertidumbre generada tras el intento fallido, el 16 de julio, de capturar el Estado Mayor por un grupo de 29 coroneles y otros altos oficiales. El 26 de agosto de 1998 creó el Ministerio de Seguridad dentro de las previsiones del Plan Nacional para combatir la delincuencia y la criminalidad, en ominosa progresión en los últimos años.

En 1999 tuvo que gestionar el grave deterioro de las relaciones diplomáticas con Nicaragua, a causa de la ratificación por Honduras en enero de 1998 del tratado de 1986 de delimitación de fronteras con Colombia, que supuso reconocer la soberanía de este país sobre las islas caribeñas de Providencia y San Andrés, reclamadas por Managua. La citada ratificación se produjo días después de que se llegara a un acuerdo de principio con El Salvador para cerrar el contencioso sobre la frontera terrestre común.

En febrero de 2000 unidades militares de Honduras y Nicaragua sostuvieron tiroteos con motivo de la delimitación de la frontera en el Golfo de Fonseca, que encajona la salida del primer país al Océano Pacífico, y los choques se reprodujeron justo un año después antes de que los dos gobiernos decidieran, en abril de 2001, someter la disputa al Tribunal Internacional de Justicia de La Haya.

El 4 de febrero de 1999 Tegucigalpa fue sede de una reunión extraordinaria de presidentes centroamericanos y el 29 de junio de 2000 Honduras adoptó con México un tratado de libre comercio en el ámbito multilateral del denominado Triángulo Norte Centroamericano, junto con El Salvador y Guatemala, el cual debía entrar en vigor el 1 de enero de 2002.

Llegó al final de su mandato con un balance incierto de luces y sombras, que los oficiales de su gobierno siempre podían achacar a las desgracias de una naturaleza implacable. Hombre sobrio y discreto, a diferencia de otros mandatarios de la zona no se cernieron sobre él sospechas de corrupción -fenómeno rampante, al igual que la delincuencia común- ni tampoco acusaciones de hacer un uso patrimonialista del poder. También fue elogiado por su capacidad de liderazgo durante la crisis del Mitch y su gestión acertada de la ayuda internacional, que no fue succionada por la corrupción y que impidió la aparición de epidemias. También se ha ligado su presidencia a la normalidad democrática en Honduras, al menos en su lectura político-institucional.

Tras ocho años de administraciones liberales, en las elecciones generales del 25 de noviembre de 2001 la frustración acumulada en un electorado que sólo veía precariedad e incertidumbre en sus condiciones de vida se tradujo en la victoria sobre el postulante del oficialismo, Rafael Pineda Ponce, del candidato nacionalista, el empresario Ricardo Maduro Joest, a quien Flores transfirió los poderes el 27 de enero de 2002.

El marco de la toma de posesión fue aprovechada por Flores y los presidentes centroamericanos invitados a la ceremonia para suscribir en Copán una declaración de lucha contra la pobreza, la inseguridad ciudadana, el narcotráfico y el terrorismo, así como de prevención de desastres naturales y de fortalecimiento de la integración subregional. También, tan solo unas horas antes de producirse el relevo, el gobierno de Flores anunció el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, revirtiendo la decisión tomada en 1961 en el marco de las sanciones de la Organización de Estados Americanos (OEA). El restablecimiento de relaciones plenas culmina un proceso de acercamiento mantenido entre Cuba y Honduras desde 1990.

  • Diputado ante el Congreso Nacional de Honduras, representando al departamento de Francisco Morazán.
  • 1982-1984 Ministro del Gobierno, en la administración presidencial del Doctor Roberto Suazo Cordova.
  • 1994 Presidente del Congreso Nacional de Honduras, siendo presidente de la república el Doctor Carlos Roberto Reina Idiáquez.

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